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viernes, abril 3, 2026
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Atlético cayó en Córdoba entre polémica y un golpe en el final que lo dejó sin nada

En Alta Córdoba, Atlético Tucumán sintió que el partido tuvo más de un adversario. Porque además de Instituto, intenso desde el primer minuto, el Decano terminó señalando al arbitraje de Fernando Espinosa, cuyas decisiones —especialmente un penal— inclinaron la balanza en un encuentro que parecía moverse en una línea fina.

El equipo de Hugo Colace llegó fortalecido por el cambio de esquema y la goleada ante Estudiantes de Río Cuarto. El 4-4-2 se sostuvo, los nombres se repitieron y la idea fue la misma: orden, intensidad y profundidad. Pero el contexto fue distinto. Instituto incomodó desde el arranque, obligó a retroceder y dejó claro que no habría treguas.

El punto de quiebre

Atlético resistió con estructura y buscó responder de contra. No se desordenó ni perdió la calma, aunque tampoco logró imponer su ritmo. Hasta que el clima se quebró. Fernando Espinosa sancionó un penal que desató discusiones y desconcierto. Alex Luna tomó la pelota y no falló. Ingolotti eligió un lado; el remate fue al otro. Instituto se puso en ventaja y el Decano tuvo que reconstruirse desde la bronca.

El descanso fue un respiro. Colace movió el banco antes del cierre del primer tiempo y apostó por Lautaro Godoy. En el complemento, Atlético encontró otra energía. Y entonces apareció Carlos Abeldaño: oportuno, decidido, empujó la pelota y marcó su primer gol en Primera División. Con 20 años y apenas cinco partidos, le dio al equipo el empate y una nueva ilusión.

El impulso que no alcanzó

Atlético creció. Godoy estuvo cerca de firmar un gol memorable. Colace ajustó piezas: Gabriel Compagnucci por Di Plácido, Ezequiel Ham por Domínguez; luego Franco Nicola e Ignacio Galván cuando Villa sintió molestias. El equipo empujó, se animó y creyó que podía torcer la historia.

Pero el desgaste empezó a pesar. El partido se volvió espeso, de transiciones largas y poca claridad. Instituto resistía. El empate parecía sellado hasta que, en el tiempo agregado, todo volvió a romperse. A los 46 minutos, Giuliano Cerato encontró un espacio, una grieta mínima, y definió para el 2-1 definitivo. Fue un golpe seco, sin margen de reacción.

Una deuda que persiste

Atlético se animó a dejar atrás lo conocido para abrazar una idea que le había devuelto ilusión. El 4-4-2 mostró señales positivas y el equipo volvió a competir con otra energía. Pero lejos de Tucumán, la historia sigue siendo esquiva.

Pasaron 393 días desde aquella última victoria como visitante, en San Juan. Cambiaron los nombres, cambiaron los entrenadores —ya es el tercero— y cambió el sistema. Sin embargo, el resultado fuera de casa se repite. Atlético puede modificar el plan, ajustar las piezas o reinventarse. Mientras salga de Tucumán, la cuenta pendiente continúa abierta.

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