San Martín sigue en la Copa Argentina, pero la sensación que dejó en Córdoba está lejos de ser plena. La clasificación por penales ante Estudiantes de Río Cuarto funcionó como alivio inmediato, aunque no logró disimular un problema que empieza a volverse estructural: al equipo de Andrés Yllana le cuesta demasiado construir y, sobre todo, convertir.
El resultado le dio vida. El rendimiento, en cambio, dejó preguntas abiertas.
Un equipo nuevo, los mismos problemas
El entrenador apostó por una rotación total, con un equipo completamente distinto al que venía de empatar ante Chacarita. La decisión tenía lógica desde lo físico, pero también funcionó como experimento. Y el resultado fue concluyente: cambian los nombres, pero no el déficit.
San Martín volvió a mostrar dificultades para generar juego asociado. La idea de transiciones rápidas —recuperar y atacar directo— se repitió, pero volvió a chocar con el mismo límite: los últimos metros.
El gran déficit: decidir mal y tarde
El “Santo” logra llegar hasta zona ofensiva, pero ahí se diluye. Le falta claridad, velocidad mental y precisión. Cada avance prometedor termina en un pase mal dado, un centro sin destino o una jugada que se estira innecesariamente.
No hay sorpresa, no hay cambio de ritmo y, lo más preocupante, no hay peso en el área. Sin esa capacidad de daño, el dominio territorial se vuelve estéril.
Orden atrás, poco adelante
Si hay un aspecto que se sostiene es el defensivo. Incluso con once cambios, San Martín mostró orden, solidez y una estructura que evita sobresaltos. Pero eso, hoy, es apenas lo básico.
En un equipo que aspira al ascenso, defender bien no alcanza. El salto de calidad está —o debería estar— en lo que hace cuando tiene la pelota.
La urgencia de encontrar sociedades
El problema de fondo no es solo individual, sino colectivo. A San Martín le faltan conexiones, jugadores que se entiendan, circuitos de juego que aparezcan de memoria. Sin eso, todo depende de una inspiración aislada o de la suerte.
Y en una temporada larga y exigente, eso no es sostenible.
Clasificó, pero el desafío sigue intacto
El pase a 16avos sirve: da aire, suma en lo económico y corta la tensión. Pero en Bolívar y Pellegrini nadie puede confundirse. El objetivo real está en la Primera Nacional y ahí este funcionamiento no alcanza.
Yllana ganó tiempo, pero no margen. Porque si San Martín quiere pelear en serio, necesita algo más que orden y voluntad: necesita gol.

