El pasado 5 de septiembre, hacia las siete de la mañana, decenas de hombres vestidos de negro subieron a la parte trasera de varios camiones en el tranquilo pueblo de Preston-next-Wingham, en el condado de Kent, situado a unos 120 kilómetros al sureste de Londres.
Los sujetos habían llegado al amparo de la oscuridad la noche anterior, dejando sus autos por todas partes: en el estacionamiento del ayuntamiento y en el campo de recreo.
En una operación con cierto grado de precisión militar, la pequeña flota de camiones partió hacia la ciudad de Dover (en las costas del Canal de la Mancha y frente a Francia) justo después del amanecer, donde los hombres escenificaron una intimidante demostración de fuerza cerca del puerto.
Formados en filas compactas y disciplinadas, llevaban pasamontañas de estilo paramilitar mientras bloqueaban las carreteras alrededor de la terminal marítima.
Llegaron al menos tres oleadas, incluidos los hombres que habían pasado la noche en Preston-next-Wingham. Mirando amenazadoramente a los automovilistas y a los policías, se mantuvieron firmes.
Los activistas antiinmigración más acérrimos estaban utilizando por primera vez sus tácticas recién desarrolladas.
No se parecía en nada a los enfrentamientos callejeros vividos en las ciudades de la región Midlands (centro de Inglaterra) en la época del surgimiento de la Liga de Defensa Inglesa (EDL, por sus siglas en ingles) de Tommy Robinson, una organización de carácter antimusulmán.
«Pensé seriamente que habíamos sido invadidos por los rusos», dijo a la BBC Robin Burkhardt, residente de Dover.
El principal organizador, Danny Thomas, conocido por sus seguidores como Danny Tommo, dijo posteriormente en Instagram: «Esta es nuestra advertencia».
Este estilo de protesta representa una novedad en el concurrido mundo de la ultraderecha británica. Fue visualmente impactante, y los hombres, que formaban parte de un nuevo grupo llamado Patriot Platform (Plataforma Patriota), coreaban «Cristo es Rey» y «Detengan los barcos».
El domingo, utilizando una transmisión en directo a través de las redes sociales, Thomas logró organizar una segunda protesta, más improvisada, de unos cientos de personas en su ciudad natal de Portsmouth, en el suroeste de Inglaterra y también frente al canal de la Mancha.
Sus seguidores intentaron bloquear los autobuses que habían llegado para recoger a los migrantes, que habían desembarcado horas antes ilegalmente tras realizar el largo viaje desde Normandía, en Francia.
La ministra del Interior, Shabana Mahmood, se reunió recientemente con altos mandos de la policía y les instó a hacer pleno uso de sus competencias para impedir que los activistas lleven el rostro cubierto.
«Estas escenas han causado trastornos a la gente y, dado que las personas van vestidas de negro y llevan pasamontañas, se transmite a nuestros vecinos un sentimiento de miedo y una clara intención maliciosa», afirmó.
«Esto la diferencia de otras protestas, así que debemos asegurarnos de aprender de esta experiencia», añadió.

