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Maestro, aventurero y familiero: quién es Raúl Moyano, el tucumano desaparecido en el Ñuñorco

Raúl Alfredo Moyano tiene 59 años, nació en Río Seco y dedicó gran parte de su vida a la docencia en la Patagonia. Se jubiló hace pocos meses, pero tenía nuevos proyectos, disfrutaba de viajar y encontraba en las montañas uno de sus mayores refugios. El último mensaje que envió desde el cerro Ñuñorco fue “Bajo”. Desde entonces, su familia espera noticias mientras continúa el operativo para encontrarlo.

Una vida dedicada a la docencia

Moyano nació en Río Seco, en el departamento Monteros, y se formó como maestro en la Escuela Normal. Cuando tenía poco más de 20 años decidió trasladarse a Río Negro en busca de oportunidades laborales.

Sus primeros trabajos estuvieron lejos de las aulas: durante la temporada de cosecha se dedicó a recolectar manzanas en el Alto Valle y también trabajó como cajero. Con el tiempo, logró incorporarse al sistema educativo y construyó una extensa carrera como docente, director, coordinador y supervisor.

Trabajó en escuelas de Cipolletti, Cinco Saltos y distintas localidades rurales de Río Negro. Entre sus experiencias estuvo la coordinación de una escuela albergue en El Manso y la dirección de establecimientos educativos en Pilcaniyeu y Río Villegas.

Su hija Suyay lo recuerda como un hombre organizado, activo y comprometido con su profesión. Su pareja, Liliana Tunkiewiez, destaca especialmente el vínculo que construyó con sus alumnos, incluso cuando ocupaba cargos directivos.

El cariño de quienes compartieron con él la vida escolar continuó con los años. Antiguos estudiantes y familias volvieron a comunicarse con su entorno tras conocerse su desaparición.

La familia, una parte fundamental de su vida

Raúl es padre de Matías, de 32 años, y Suyay, de 27. Aunque sus hijos vivieron distintas etapas marcadas por la distancia, ella destaca que su padre siempre intentó estar presente.

Hace aproximadamente una década, Moyano pidió un traslado para instalarse en Bariloche, atraído por la naturaleza y la posibilidad de disfrutar de los paisajes cordilleranos.

También allí consolidó su relación con Liliana, a quien conoció a través del ámbito docente. Llevan ocho años juntos y compartieron numerosos viajes por la Patagonia y visitas a Tucumán.

La familia ocupa un lugar central en los recuerdos de quienes hoy esperan encontrarlo. Su pareja lo describe como alguien dispuesto a ayudar, mientras que su hija destaca su voluntad de acompañar a los suyos cada vez que podía.

El trekking, una pasión que formaba parte de su rutina

La montaña era mucho más que una actividad ocasional para Moyano. Aprovechaba cualquier fin de semana libre para preparar la mochila y recorrer senderos, cerros y lagunas de la región cordillerana.

Según sus familiares, solía caminar tanto solo como acompañado y complementaba las excursiones con gimnasio y bicicleta.

Liliana sostiene que Raúl era precavido y planificaba sus recorridos. Preparaba la ruta, llevaba agua, alimentos, ropa de repuesto y otros elementos según la duración prevista de cada salida.

“Es muy mental y precavido. No es que agarra agua y se va. Hacía una ruta, un camino, un croquis”, recordó.

Esa experiencia en la montaña es uno de los aspectos que más desconciertan a sus seres queridos, que todavía intentan comprender qué pudo haber ocurrido durante su caminata en el Ñuñorco.

Se jubiló, pero tenía nuevos proyectos

En mayo, Moyano terminó formalmente su carrera docente. Sin embargo, la jubilación no significaba para él dejar de trabajar ni abandonar sus actividades.

Había conseguido tareas administrativas en una delegación de la Mutual del Magisterio en Bariloche y evaluaba otras alternativas para generar ingresos. Incluso pensaba cambiar su Fiat Cronos para realizar traslados o repartos.

Durante años también había organizado viajes compartidos a Chile y aprovechado sus recorridos entre distintas ciudades para llevar pasajeros y repartir gastos.

“Es una persona muy buena. Si te tiene que ayudar, te va a ayudar”, contó su hija.

Entre sus planes personales también estaban la posibilidad de construir en un terreno que tenía en Cipolletti o mudarse a El Bolsón junto a Liliana. Siempre había alguna idea nueva en marcha.

El vínculo con Tucumán nunca se perdió

Aunque pasó gran parte de su vida adulta en la Patagonia, Moyano mantuvo un fuerte vínculo con su provincia natal. Regresaba para visitar a su madre, Silvia, a sus hermanos y al resto de su familia.

Tras la muerte de su madre, ocurrida el 27 de septiembre de 2025, volvió a Tucumán para participar de una misa en su memoria y permaneció en la casa familiar de Río Seco junto a su hermano Martín.

El lunes 12 de octubre acompañó a su hermano José y a su cuñada hasta El Mollar, donde estaban construyendo una pequeña vivienda.

Fue durante esa visita cuando decidió emprender una caminata por el cerro Ñuñorco.

“Bajo”, el último mensaje desde el Ñuñorco

Raúl inició el ascenso cerca de las 11. Durante varias horas mantuvo contacto con sus seres queridos mediante fotografías, audios y mensajes.

Según la información citada en la denuncia policial, a las 17.20 todavía se encontraba en la montaña. Durante la tarde, le comentó a Liliana que había niebla y que el camino estaba cerrado.

La preocupación comenzó a crecer con el paso de las horas. “¿Todavía estás ahí?”, le preguntó su pareja por WhatsApp.

La respuesta que recibió fue breve: “Bajo”.

Ese fue el último mensaje que Liliana recibió de Raúl. Al día siguiente, supo que lo estaban buscando y comenzó una espera que se prolonga mientras rescatistas y distintas fuerzas trabajan para dar con su paradero.

Un viaje que quedó pendiente

Antes de viajar a Tucumán, Raúl y Liliana habían hablado de sus próximas vacaciones. Tenían previsto aprovechar los días pendientes de ella durante las primeras semanas de noviembre para viajar junto a Isabella, la hija menor de Liliana, a Punta Perdices, Las Conchillas y Las Grutas.

Era otro plan dentro de una vida marcada por las rutas, las aulas, la familia y las excursiones.

Hoy, mientras continúa la búsqueda en el Ñuñorco, sus seres queridos esperan encontrarlo y volver a abrazar al hombre que, incluso después de jubilarse, seguía imaginando nuevos caminos por recorrer.

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