Durante mucho tiempo, el silencio fue parte del peso. Ahora, con una causa en marcha y otras víctimas sumándose, la historia de Agostina Mas empieza a reconstruirse en voz propia: una trama que combina manipulación, exposición no consentida y un daño que, incluso hoy, continúa.
Un vínculo que derivó en una decisión condicionada
Agostina, una joven tucumana, contó que todo comenzó en el marco de su relación de pareja. Según su relato, fue convencida de grabar un video bajo la promesa de que se trataba de una productora que comercializaba contenido en el exterior.
“Lo hice para pagar una deuda”, explicó, al describir el contexto en el que tomó la decisión. El material, aseguró, fue registrado en su propia casa y se trató de una única grabación.
De lo privado a lo viral
Con el paso del tiempo, la situación dio un giro. La joven advirtió que el video había salido del ámbito en el que creía que iba a permanecer cuando comenzaron a llegarle mensajes a sus redes sociales.
Ese fue el punto de quiebre: la confirmación de que el contenido circulaba sin su consentimiento en plataformas digitales y grupos cerrados.
Detrás de ese esquema aparece la figura de Gianfranco Gaspar Núñez, un hombre de 30 años que se encuentra detenido por orden de la Justicia federal, acusado de captar a mujeres jóvenes con promesas económicas para luego difundir los videos.
El impacto que no se ve
La viralización tuvo consecuencias que exceden lo digital. Agostina habló de un proceso atravesado por la culpa, la angustia y el intento de reconstruirse.
“Fueron dos años de sentir culpa”, resumió. En ese recorrido, el acompañamiento familiar y la terapia resultaron claves para poder sostenerse y avanzar.
Sin embargo, el daño no quedó en el pasado. La joven denunció que todavía hoy recibe mensajes intimidantes y sufre hostigamiento en redes sociales.
Una causa colectiva que busca visibilizar
Lejos de quedar en un caso individual, la situación derivó en la articulación con otras mujeres que atravesaron experiencias similares. Juntas impulsan una denuncia colectiva para exponer el funcionamiento de estas redes y reclamar respuestas judiciales.
El caso reabre discusiones sobre el consentimiento, la manipulación en vínculos y la circulación ilegal de contenido íntimo, en un escenario donde las herramientas digitales amplifican el alcance y el impacto de este tipo de prácticas.
Un problema que sigue vigente
Más allá de la detención del principal acusado, el fenómeno no aparece como aislado. Modalidades similares continúan circulando, adaptándose a nuevas plataformas y formatos.
En ese contexto, el testimonio de Agostina no solo busca reparación personal, sino también advertir sobre los riesgos y contribuir a que otras situaciones no queden invisibilizadas.

