En medio de un clima caliente por los malos resultados y el ruido que bajó desde las redes sociales, la dirigencia de Atlético Tucumán salió a poner la cara. El mensaje fue claro: Julio César Falcioni sigue y no hay dudas sobre su continuidad ni sobre su estado de salud.
“Es totalmente mentira”, aseguraron desde la comisión directiva ante las versiones que hablaban de una posible salida del entrenador por cuestiones físicas. Lejos de eso, remarcaron que el DT “está bien y con ganas” de revertir el presente.
¿Hay crisis interna en el club?
El mal momento deportivo abrió interrogantes hacia adentro, pero puertas adentro intentan bajar la tensión. Desde la CD reconocen un presente “complejo”, aunque niegan fracturas en el oficialismo.
Este jueves habrá una reunión clave para analizar la situación, aunque el discurso es de unidad. “No hay fisuras”, repiten, en un contexto donde también conviven con una oposición más activa tras la reforma del estatuto.
Autocrítica: ¿qué falló en el mercado?
Uno de los puntos más sensibles pasa por el armado del plantel. Y ahí sí hubo un reconocimiento claro: no todo salió bien.
“Algunas apuestas no dieron resultado y hay que reconocerlo”, admitieron desde la dirigencia. También señalaron que faltó jerarquía en momentos clave, algo que terminó condicionando el rendimiento del equipo.
El contexto económico aparece como atenuante, pero no como excusa total.
¿Habrá refuerzos para el Clausura?
Pensando en lo que viene, el club ya proyecta cambios. No habrá restricciones reglamentarias para incorporar y la idea es hacer un análisis profundo del plantel una vez finalizado el torneo.
“Hay una idea clara de lo que hay que traer”, deslizaron, aunque prefieren esperar y consensuar decisiones con el cuerpo técnico.
Incluso, ante la consulta sobre una posible pelea por la permanencia, fueron contundentes: Atlético “se la jugará” y hará un esfuerzo económico para evitar un escenario crítico.
Un cierre con bronca y expectativa
El Decano atraviesa un momento incómodo, con resultados que no aparecen y una racha que golpea fuerte, sobre todo fuera de casa. La bronca está, la autocrítica también. Ahora falta lo más difícil: que todo eso se traduzca en la cancha.

