Palo y afuera. Explosión total en el Monumental. River Plate sobrevivió a una noche cargada de tensión y terminó eliminando por penales a San Lorenzo después de un partido que parecía escaparse varias veces de sus manos. El héroe fue Santiago Beltrán, el arquero que sostuvo la ilusión con dos atajadas decisivas en la tanda y le permitió al Millonario avanzar a los cuartos de final del Torneo Apertura.

El festejo fue desahogo puro. Porque River no solo jugaba una clasificación: también se enfrentaba a sus propios fantasmas. A un pasado reciente lleno de golpes, dudas y frustraciones que todavía condicionan cada avance, cada error y cada momento crítico de un equipo que todavía no logra soltarse.
El conjunto dirigido por Eduardo Coudet volvió a mostrar esa mezcla de nerviosismo y falta de confianza que lo persigue desde 2025. Incluso jugando más de 80 minutos con un hombre de más, nunca logró transmitir seguridad absoluta. El 2-2 final terminó siendo una muestra clara de sus problemas emocionales y futbolísticos.

Del otro lado, San Lorenzo estuvo a segundos de concretar una hazaña histórica. Con personalidad, disciplina táctica y enorme entrega física, el Ciclón supo disimular la inferioridad numérica y jugó el partido que más le convenía. Nahuel Barrios fue agresivo en cada presión ofensiva, Jhohan Romaña se transformó en un muro dentro del área y Orlando Gill respondió cuando River todavía no encontraba claridad.
El Millonario apenas logró generar peligro cuando se apoyó en los futbolistas capaces de sostener la presión. Juan Fernando Quintero volvió a mostrar destellos de jerarquía con pases filtrados y manejo del ritmo, mientras que Marcos Acuña apareció en los momentos más calientes. Pero fue demasiado poco para un equipo armado para pelear títulos.
River volvió a sufrir errores propios en momentos determinantes. Las fallas de Aníbal Moreno, Lautaro Rivero y Lucas Martínez Quarta durante el partido reflejaron la fragilidad de un equipo que juega condicionado por el miedo a equivocarse. Y hasta en la tanda aparecieron las dudas, con el penal fallado por Giuliano Galoppo.
Sin embargo, esta vez el desenlace fue diferente. Porque cuando todo parecía perdido, apareció el carácter. Primero con el empate agónico en la última jugada y después con la enorme figura de Santiago Beltrán en los penales. River avanzó sin convencer desde el juego, pero encontrando algo que venía necesitando desesperadamente: alivio.
Ahora, el gran desafío para River Plate será transformar este sufrimiento en un punto de partida. El equipo sigue lejos de su mejor versión, pero a veces una clasificación épica sirve como impulso emocional para reconstruirse. En Núñez necesitaban una señal para volver a creer. Y quizás esta noche agónica pueda ser ese primer paso.

