San Martín volvió a tropezar cuando parecía tener todo a favor. El equipo tucumano ganaba 2-0 ante Deportivo Madryn, incluso logró ampliar la diferencia cuando ya jugaba con un hombre menos, pero terminó resignando dos puntos y empató 2-2 en La Ciudadela.
Otra vez, de la ilusión a la frustración
El resultado no fue un accidente aislado. San Martín acumula cinco partidos sin ganar y, partido a partido, la sensación de una simple mala racha empieza a transformarse en algo más profundo.
Frente a Madryn, el «Santo» tuvo una ventaja que parecía suficiente para encaminar el partido. Sin embargo, no consiguió sostenerla y permitió que el rival reaccionara hasta alcanzar el empate.
La Ciudadela perdió la paciencia
El final reflejó el estado de ánimo de los hinchas. Hubo silbidos, algunos insultos y también tímidos aplausos, en una combinación que dejó expuesta la frustración de un público que esperaba mucho más del equipo.
San Martín volvió a tener una oportunidad concreta para cambiar el rumbo, pero otra vez la dejó escapar. Y cuando las ocasiones se repiten, los resultados dejan de parecer casualidad.
Con cinco encuentros sin triunfos, el «Santo» necesita mucho más que cortar una racha: necesita recuperar confianza, solidez y, sobre todo, motivos para que su gente vuelva a creer.
Dentro de una tarde que terminó torcida, Bruno Cabrera fue la mejor noticia. El delantero convirtió los dos goles y fue el futbolista más determinante de San Martín. El segundo fue todavía más valioso: llegó después de una gran jugada colectiva, cuando el equipo ya estaba con diez. Gabriel Carabajal también intentó asumir el protagonismo, pidió la pelota y buscó conducir, aunque volvió a quedar demasiado solo.
Para colmo, los seis cambios que Alejandro Orfila realizó respecto del “11” anterior tampoco alcanzaron para modificar una tendencia preocupante.
El quiebre fue la expulsión de Jorge Juárez, antes del segundo gol. El volante -que ofició de lateral- empujó a un rival y dejó al equipo con uno menos por una reacción infantil. También es cierto que el futbolista de Madryn lo había empujado previamente contra los carteles de publicidad. La expulsión puede discutirse, pero la reacción de Juárez fue evitable. San Martín tenía que sostener el 1 a 0 y terminó condicionado por una decisión individual.
Polémica reacción
Ni siquiera el segundo gol trajo tranquilidad. Mientras Cabrera y sus compañeros festejaban el 2 a 0, un sector de la hinchada arrojó proyectiles hacia el asistente que se encontraba sobre ese costado. La situación generó tensión y el partido estuvo al borde de la suspensión. Una escena difícil de explicar mientras el equipo conseguía una ventaja que parecía encaminar la tarde.
Tampoco se entendieron demasiado las decisiones de Orfila. El primer cambio después de la expulsión fue ofensivo: Álvaro Veliez dejó la cancha. Luego, el entrenador sacó a Luca Arfaras, un “9”, para incorporar a Guillermo Rodríguez. Cabrera pasó al centro del ataque, aunque después también fue reemplazado. Entonces Alan Cisnero terminó como delantero, una posición que no es la suya, mientras Mauro Verón permanecía en el banco.
Con diez jugadores, San Martín necesitaba orden y el DT terminó modificando demasiado.
El desenlace fue inexplicable. A nueve minutos para el final, Claudio Corvalán se adelantó a espaldas de los centrales y, con un zurdazo, marcó el descuento. Y siete minutos después, Luis Silba convirtió el 2 a 2.
A todo eso se sumó el discutible arbitraje de Nahuel Viñas. Muchas divididas favorecieron al “Aurinegro”, algunas faltas sobre San Martín no fueron sancionadas y hasta aplicó la regla del Mundial sobre la demora de Darío Sand en una salida para otorgar córner a la visita.
El problema excede al empate. San Martín lleva cinco partidos sin ganar, sigue dejando pasar oportunidades y ahora debe mirar los dos extremos de la tabla. El Reducido está cerca, pero también aparece una distancia de ocho puntos con el descenso.

