Fue una de las figuras más emblemáticas de la radio y la televisión tucumana. Con casi cinco décadas dedicadas a la comunicación, marcó a generaciones de periodistas y televidentes con su profesionalismo, calidez y pasión por el oficio.
Cuando se apaga la voz de un periodista, quedan sus palabras. Cuando se marcha un referente, queda su legado. Y el de Julio Rómulo Potolicchio es de esos que trascienden el tiempo y las pantallas.
Este jueves, Tucumán recibió con profundo dolor la noticia de su fallecimiento. Con él se despide una parte de la historia grande de los medios de comunicación de la provincia, construida a lo largo de casi cincuenta años de trabajo, compromiso y vocación.
Su camino comenzó en 1978, en el recordado programa «Siesta» de Canal 10. Fue el inicio de una trayectoria tan extensa como brillante, que lo llevó a convertirse en uno de los rostros más queridos y respetados de la televisión tucumana. Su nombre quedó ligado para siempre a ciclos emblemáticos como «Sábados Para Todos», «TV Prensa», el noticiero central de Canal 10, y «Deportivo 10», un clásico de la información deportiva local.
Pero su pasión por comunicar fue mucho más allá de la televisión. También hizo de la radio su casa. Trabajó en LV7, Radio Nacional Tucumán y Radio Del Plata Tucumán, donde desplegó su talento como periodista, locutor y conductor. Detrás del micrófono supo construir un vínculo entrañable con la audiencia, basado en la cercanía, el respeto y un particular sentido del humor que lo acompañó durante toda su vida profesional.
Quienes compartieron con él estudios de radio y televisión destacan no solo al gran comunicador, sino también al hombre generoso, siempre dispuesto a enseñar, escuchar y tender una mano. Para muchos fue un maestro silencioso del periodismo tucumano; para otros, un compañero entrañable. Para el público, simplemente, una voz familiar que supo acompañar durante décadas.
Hay personas que ejercen una profesión y otras que la honran. Julio Rómulo Potolicchio pertenecía a este último grupo. Entendió al periodismo como un servicio, abrazó la comunicación con humildad y dejó una huella imborrable en los medios tucumanos.
Hoy Tucumán está de luto. Se apagó una voz inconfundible, pero su legado permanecerá intacto en la memoria colectiva de quienes lo escucharon, lo vieron y aprendieron de él. Porque los grandes comunicadores nunca se van del todo: permanecen vivos en las historias que ayudaron a contar.
Hasta siempre, Julio.

