La historia de Isolina Maisano se convirtió en uno de los relatos más fuertes del deporte tucumano. Tras atravesar una cirugía de alta complejidad que le cambió la vida y un prolongado proceso de rehabilitación, logró clasificarse al Mundial de Aguas Abiertas Adaptadas y representará a la Argentina en noviembre en República Dominicana.
Cada fin de semana, su escenario es el dique El Cadillal. Allí entrena y avanza en el agua hacia lugares a los que no puede llegar caminando. Las distancias a pie le generan dolor, en distintos momentos utiliza silla de ruedas y convive con una prótesis de titanio que reemplaza parte de su pelvis. En ese contexto, la natación pasó de ser una herramienta de recuperación a convertirse en su disciplina principal.
La clasificación internacional se concretó tras su participación en el Oceanman de Córdoba, donde compitió en los 5 kilómetros adaptados. La competencia tuvo un cierre atípico por las condiciones climáticas, que obligaron a suspender la premiación. La confirmación de su marca llegó posteriormente, mientras regresaba a Tucumán junto a su familia, tras completar una actuación que le abrió la puerta al plano internacional.
Hasta 2022, su rutina estaba marcada por el trabajo como profesora de inglés y la práctica habitual de running. Sin embargo, una serie de dolores progresivos derivaron en un diagnóstico complejo que exigió una intervención quirúrgica extensa en Buenos Aires. La operación, que se prolongó durante más de 16 horas, implicó la extracción de media pelvis y la colocación de una prótesis.
El proceso posterior fue exigente. La recuperación incluyó terapia intensiva, internaciones prolongadas por complicaciones y una readaptación completa a su vida cotidiana. El regreso a Tucumán marcó el inicio de una etapa desde cero, con una evolución progresiva: primero con andador, luego con muletas y más tarde con bastones, reaprendiendo cada movimiento.

En ese camino apareció la natación, inicialmente como parte de la rehabilitación médica. Con el tiempo, la actividad ganó protagonismo. El salto a aguas abiertas significó un punto de inflexión, al permitirle desarrollar resistencia y encontrar un espacio donde su limitación física no fuera una barrera.
Actualmente entrena durante la semana en pileta y los fines de semana en el dique, combinando trabajos técnicos, resistencia y preparación física en su casa. El recorrido presenta dificultades constantes, desde limitaciones en la infraestructura para deportistas adaptados hasta las exigencias físicas de convivir con una prótesis, pero el proceso se sostiene con acompañamiento familiar y del entorno deportivo.
La clasificación al Mundial representa no solo un logro deportivo, sino también la consolidación de una recuperación que la llevó a competir en el más alto nivel del deporte adaptado. Además, implicará su primera experiencia nadando en el mar, un desafío adicional dentro de su preparación.
En paralelo, busca apoyo económico para afrontar los costos del viaje y la competencia internacional, mientras continúa con su rutina de entrenamiento. Cada jornada en el agua forma parte de un proceso que comenzó como rehabilitación y derivó en una oportunidad de representar al país en un escenario mundial

