El diputado electo por La Libertad Avanza Tucumán, Federico Pelli, atraviesa sus primeros meses en la función pública con la certeza de que la política no solo implica exposición, sino, sobre todo, responsabilidad. En diálogo con SdN, repasa su historia personal, los valores que marcaron su formación, el camino que lo llevó a involucrarse en la política y las emociones que dejó una campaña intensa, atravesada por el contacto directo con la gente.
Desde el inicio de la charla, Pelli pone el foco en sus orígenes. “De niño, sin dudas, la crianza en mi casa, por parte de mis padres, me enseñaron a ser buena persona y buen ciudadano”, señala. A esa base familiar se sumó, ya en la adolescencia avanzada, una experiencia que define como clave: los cuatro años de formación en el Colegio Militar de la Nación, donde incorporó disciplina, orden y sentido del deber.
Antes de pensar en la política, se define como “una persona normal”, dedicada al trabajo y a la vida familiar. Sin embargo, siempre mantuvo una vocación clara por la participación social, convencido de que el compromiso ciudadano no se limita a los cargos públicos. Ese recorrido lo llevó a ocupar espacios de representación en el sector empresarial joven, primero en Tucumán y luego a nivel nacional, desde donde buscó aportar al desarrollo económico y productivo, «esto me llevó a ser Presidente de la Comisión de Jóvenes Empresarios de la Federación Económica de Tucumán y también de CAME JOVEN a nivel nacional», nos relata el diputado.
Cuando habla de Tucumán, aparece un lugar que funciona como refugio emocional: Tafí del Valle. Lo describe como “un lugar mágico de la provincia, que debería ser puesto en valor con mucha más fuerza”, y lo menciona como un espacio de pausa en medio de la vorágine política.
El paso decisivo hacia una candidatura tuvo, según explica, una motivación clara: la necesidad de cambiar la política. “Deberíamos estar mucho mejor de lo que estamos, y eso pasó por dejarle la responsabilidad de gobernar a gente a la que no le interesa el prójimo, sino solo sus intereses personales”, afirma. La decisión, aclara, fue hablada primero en casa. “La primera persona a la que se lo conté fue a mi esposa. Decisiones como estas se consideran primero en familia”, remarca.
Durante la campaña, lo que más lo sorprendió fue la respuesta de la gente. “A pesar de todo lo que se hizo mal en estos últimos 40 años, todavía hay esperanza en que existan políticos que puedan mejorar la vida de todos”, sostiene, y destaca el acompañamiento recibido como uno de los motores para seguir adelante.
Ante la consulta sobre qué aspecto le genera mayor ansiedad, si la responsabilidad, la exposición pública o lo desconocido, Pelli no dudó en su respuesta: la responsabilidad es lo que más ansiedad le genera.
Ya en funciones, reconoce que el principal cambio en su vida cotidiana es la necesidad de dividir su tiempo entre Tucumán y Buenos Aires, un desafío tanto logístico como personal que lo obligará a reorganizar rutinas, prioridades y tiempos familiares.
En ese contexto, el sostén emocional es claro. “Mis afectos son mi cable a tierra”, dice, y subraya como valor central la unidad familiar y el compromiso de ser un padre presente.
Por otro lado, Pelli señala que, como ciudadano, la problemática que más lo interpela sigue siendo la inseguridad, una preocupación persistente que, según remarca, lleva años sin respuestas de fondo.
Al recordar momentos que lo marcaron, Pelli vuelve a la campaña. Situaciones concretas, encuentros con vecinos y relatos de vida lo conmovieron profundamente, y le dejaron un aprendizaje personal: “Uno puede dar mucho más de lo que cree. No hay límites”.
Si pudiera hablar con el joven de 18 años que fue, el mensaje sería sencillo y directo, refleciona: “ser buen ciudadano, buen padre, buen esposo, buen hijo y, por sobre todo, tener fe en Dios”, finaliza Federico Pelli.
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