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lunes, agosto 24, 2026
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Las enseñanzas de Falcioni tras el presente de Atlético Tucumán: “Estoy viejito, pero todavía me la aguanto”

Entre partido y partido, alrededor de Atlético Tucumán se habla de todo. Se discute el momento del equipo, se ponderan los resultados, se analiza el funcionamiento y, como ocurre en cualquier club, también se cuestionan algunas decisiones del entrenador. Pero cada vez que Julio César Falcioni se sienta frente a los micrófonos para su habitual conferencia de prensa, muchas de esas discusiones parecen ordenarse. Sólo hay que escucharlo.

Los 29 años que lleva como entrenador parecen haberle dado la experiencia suficiente para convertir algunas conferencias en algo parecido a una clase abierta de fútbol. Después del empate 0-0 frente a Instituto volvió a ocurrir: el “Emperador” desplegó conceptos sobre la realidad del “Decano”, explicó decisiones, defendió convicciones y hasta encontró tiempo para condimentar la charla con el humor y la templanza que le dieron los años.

El análisis del partido fue apenas el primer tema del pizarrón. “En la previa sabíamos que enfrentábamos a un gran equipo, que venía puntero en su zona y haciendo las cosas muy bien. Hablé con Diego Flores y lo felicité por el equipo que había armado. Demostramos que estamos a la altura de poder pelear con cualquiera y sacamos un punto que me parece bueno. Obviamente me hubiera gustado ganar, pero creo que hicimos las cosas bien”, explicó.

Primera lección: saber qué pedir y no sonrojarse por cerrar espacios

La clase avanzó entonces hacia uno de los temas que más inquietan al hincha: la deuda como local. Atlético no gana en el Monumental desde el 1-0 frente a Gimnasia, hace cinco meses, y aquella sigue siendo la única victoria en casa durante el ciclo Falcioni. El entrenador encontró una manera gráfica de explicarlo. “Estamos haciendo la media inglesa al revés: ganamos de visitante y no ganamos de local”, dijo.

Detrás de la ocurrencia apareció una explicación más profunda. El DT entiende que a algunos equipos les cuesta asumir el protagonismo y que el equipo encontró una metodología que, aunque pueda despertar críticas, le entrega seguridad. “Tenemos una forma de jugar que quizás a algunos no les gusta, y es totalmente aceptable, pero nos da buenos movimientos y, durante muchos momentos, buena tenencia de pelota. Cuando no la tenemos, nos permite cerrar espacios y evitar que el rival sea profundo”, sostuvo.

Ya metido de lleno en la exposición, amplió el concepto ante una sala que por momentos parecía haberse transformado en un aula. “El fútbol es defender y atacar. Es estar ordenado y equilibrado. A veces, por estar ordenado y equilibrado, te dicen que sos defensivo. Lo vivo desde hace 25 años y no me molesta, no me afecta para nada”, aseguró.

Ahí también apareció el pragmatismo que explica buena parte de la recuperación del «Decano»: conocer las herramientas disponibles y llevarlas hasta su mejor versión. Falcioni no pretende que su equipo sea algo que no puede ser. “Sé los jugadores que tengo, sé que lo que les pido lo pueden hacer y, junto con mi cuerpo técnico, trato de potenciarlos desde todos los lugares”, resumió.

Segunda lección: repartir los aplausos y no perder la sonrisa

Como en toda clase distendida, también hubo lugar para salirse por un instante del programa. Cuando le preguntaron por su visible enojo con algunas decisiones de Andrés Merlos, sonrió antes de responder. “¿Nunca me viste enojado a mí? Mejor que no. No te pongas adelante cuando estoy enojado, por favor. Estoy viejito, pero todavía me la aguanto”, bromeó, causando risas entre los presentes.

Después llegó el momento de repartir los méritos. Y allí el «Emperador» rechazó quedarse con todos los aplausos. “El crecimiento no se produjo por mi llegada, sino por el trabajo de los jugadores, por el esfuerzo que hicieron y por la pretemporada que realizamos. El mérito es de ellos, no nuestro. Los jugadores aceptan el trabajo, aceptan la exigencia y escuchan mucho lo que les pedimos”, remarcó.

No tardó en aparecer otra anécdota. “Les voy a contar algo que a ustedes les puede servir”, advirtió, casi como un profesor antes de escribir una frase en el pizarrón. “Yo tenía un técnico que decía que lo difícil no era armar un equipo; el quilombo empezaba cuando los jugadores se movían”. La frase volvió a provocar sonrisas, pero también sintetizó una de sus obsesiones: que el “Decano” conserve el orden aun cuando el partido lo obliga a romper posiciones.

Tercera lección: ladrillo por ladrillo para recién construir el sueño más grande

Para el final quedó la pregunta más importante: ¿para qué está este Atlético? Allí se terminó el recreo. El DT recordó que la situación con los promedios todavía obliga a mirar hacia abajo y dejó claro que no piensa alterar el orden de las prioridades. Primero, asegurar la permanencia. Después, todo lo demás.

“Tenemos que seguir con esta metodología hasta que dejemos de mirar hacia atrás, hasta que la distancia de puntos con los demás nos permita estar tranquilos y podamos mantener al club en Primera. Para eso también necesitamos pelear por entrar entre los ocho. Una cosa va de la mano de la otra”, explicó.

Así terminó otra clase de Falcioni. Hubo táctica, conceptos, anécdotas y bromas, pero también una explicación bastante nítida del presente de Atlético. El “Emperador” parece tener claro qué equipo tiene entre manos, qué puede exigirle y hacia dónde quiere llevarlo. Y mientras sus jugadores sigan creyendo en la lección, nadie sabe todavía dónde estará el techo.

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