A casi nueve años del crimen de Fernando Pastorizzo, Nahir Galarza (27) volvió a hablar públicamente desde la Unidad Penal de Mujeres, en Paraná, donde cumple una condena a prisión perpetua. Repasó sus actividades diarias en prisión, reflexionó sobre su historia personal y realizó una de las declaraciones más contundentes desde que fue sentenciada por la Justicia en 2018.
“Soy responsable de quitarle la vida a una persona”, expresó durante una conversación de más de una hora con los periodistas Paulo Kablan y Nati Jota en OLGA.
La frase rápidamente generó repercusión por tratarse de uno de los reconocimientos más directos que realizó sobre el asesinato de su novio Fernando , ocurrido en diciembre de 2017 en Gualeguaychú.
Aunque evitó reconstruir en detalle los hechos que derivaron en su condena, Galarza aseguró que con el paso de los años logró tomar conciencia de aspectos de su comportamiento que antes no comprendía. “Después de tantos años recién ahora he tomado conciencia de un montón de cosas”, afirmó la joven de 27 años.
“Lo que yo diga sobre esa noche no cambia nada: soy responsable”, manifestó. Si bien durante el reportaje evitó profundizar en algunos detalles del crimen, Galarza asumió la responsabilidad de la muerte y de todo lo que ocurrió aquella madrugada del horror.
“Me hago cargo sin los detalles, pero no fue intencional porque yo no fui pensando en matar”, dijo.
Cómo es la vida de Nahir Galarza hoy en prisión
Durante la entrevista, Galarza describió una rutina marcada por el estudio y distintas actividades recreativas. Actualmente cursa el último año de la carrera de Psicología Social y participa además de talleres y capacitaciones dentro del penal.
“Este año empecé un curso de cocina, otro de gestión jurídica. Voy a yoga también, hago gimnasia y a veces doy clases de gimnasia a las chicas”, relató.
Según explicó, la formación académica se convirtió en una herramienta fundamental para analizar su propia historia y trabajar aspectos personales que durante años no había logrado identificar.
“Aprendí muchas cosas que pude usarlas conmigo misma”, expresó la mujer condenada a perpetua.
Galarza también contó que muchas de las mujeres que conoció en prisión tenían una imagen negativa de ella antes de tratarla personalmente, producto de la enorme exposición mediática que tuvo el caso.
“Me han dicho: pensé que eras reasquerosa, recerrada”, recordó.
Con el tiempo, Galarza aseguró haber construido amistades profundas con compañeras que incluso recuperaron la libertad y mantienen el contacto con ella.
Sin embargo, reconoció que la condena perpetua genera una realidad diferente. Mientras otras internas dejan la cárcel, ella continúa detenida. “Formo vínculos muy cercanos con algunas compañeras y después se terminan yendo”, explicó.
La joven también reveló que mantuvo relaciones de pareja durante su estadía en prisión y que esas experiencias la ayudaron a replantearse conductas que antes consideraba normales.
“Los primeros años me costó muchísimo confiar”, contó.
Según relató, una de esas relaciones le permitió comprender qué significa construir un vínculo saludable basado en el respeto mutuo y no en la dependencia emocional. “Conocí a un chico que me enseñó lo que era una relación sana”, afirmó.
A partir de ese proceso, aseguró que hoy observa con otra perspectiva situaciones de su adolescencia y de la relación que mantuvo con Pastorizzo.
“No sé por qué me comporté así o por qué tuve esa actitud”, reflexionó.



