La sola presencia de Luis Miguel Rodríguez en una cancha sigue provocando algo imposible de explicar del todo. Hay jugadores queridos, ídolos respetados y después está el “Pulga”: un fenómeno popular que despierta emociones únicas en cada rincón donde pisa. Hoy, mientras transita sus últimos capítulos dentro del fútbol jugando en Ñuñorco y acompañando proyectos de formación juvenil en la Liga Tucumana, una noticia volvió a tocar el corazón del pueblo “decano”: el próximo 14 de junio colgará oficialmente los botines. Pero no será en Atlético Tucumán.
La despedida del máximo ídolo contemporáneo del “Decano” se realizará en el estadio de Club Atlético Colón, en Santa Fe, lejos del Monumental José Fierro y de la gente que lo convirtió en bandera eterna. Y la pregunta empezó a repetirse entre los hinchas: ¿por qué el “Pulga” no tendrá su último partido oficial en Atlético Tucumán?
En diálogo con LA GACETA, Rodríguez habló mientras atendía a decenas de chicos que buscaban una foto, una firma o simplemente estar cerca de su ídolo. Entre sonrisas y recuerdos, el simoqueño repasó su carrera, reflexionó sobre el rol que hoy ocupa como referente de los más jóvenes y abrió su corazón sobre su vínculo con Atlético.
Aunque reconoció que no podrá retirarse oficialmente con la camiseta celeste y blanca, dejó en claro que el club sigue siendo “su casa”. Una frase que alcanza para entender una relación que excede contratos, etapas o despedidas formales.
El “Pulga” no necesita una última función en el Monumental para quedar grabado en la historia de Atlético Tucumán. Porque hay futbolistas que se retiran del fútbol y otros que se vuelven eternos.
– ¿Cómo analizás el presente de Atlético?
– El fútbol es a base de resultados. El equipo venía mal, pero le ganó a River y cambió el ánimo. Ojalá que el nuevo semestre mejore mucho y que los jugadores levanten el nivel para estar en los primeros puestos.
– ¿Te dolió no poder retirarte en el club de tus amores?
– Uno siempre lo dice, pero no estuvo el llamado dirigencial ni tampoco la intención de que sea así. Uno acepta las reglas del juego; a veces uno quiere, otro no, y la vida sigue.
– ¿Cómo vivís el cariño de la gente después de tantos años?
– La verdad es que a uno eso lo llena de orgullo. Desde que llegué a Atlético hasta hoy, la gente de Tucumán fue muy cariñosa conmigo. Hoy tengo 41 años y sigo disfrutando de ese afecto. Es algo muy satisfactorio; quiere decir que a lo largo de la carrera uno hizo muchas cosas bien. Estoy tranquilo.
– ¿Qué implica para vos ser el embajador de este proyecto juvenil?
– Es una responsabilidad muy linda. Hay que estar en la logística, cuidar los detalles, que no falte nada. Llevás 60 chicos y hay 120 padres esperando que su hijo vuelva bien del viaje. Hay material para trabajar y es algo que va a ir creciendo.
– ¿Qué sentís al ver a estos chicos de 10 años y recordar tus inicios en Simoca?
– Me trae todos los recuerdos de cuando empecé en Simoca. Ojalá muchos de estos chicos puedan llegar a Primera o a jugar en Europa; sería algo muy lindo para ellos y sus familias. Hoy los ves corriendo atrás de una pelota y son muy chicos, pero en siete u ocho años pueden estar en la élite. Yo a los 11 años hice una prueba y a los dos meses ya estaba viajando; iba sin preparación, sin nada. Que hoy exista un proyecto para que lleguen más preparados es muy bueno.
– ¿Qué le decís a un chico de esa edad que debe irse solo a un club como River?
– Es muy duro que un chico de esa edad se tenga que ir, pero es River y el sacrificio vale. Yo le decía que ojalá le guste el lugar, porque si no se acostumbra es muy difícil quedarse. Es un proceso largo: hoy le hablás del desayuno o la alimentación y a los dos minutos se olvidó porque quiere jugar a la pelota. Hay que estar encima, sobre todo para que no le falte cariño. Yo tengo un hijo de nueve años que a veces duerme con nosotros; eso en una pensión no existe. Ojalá alguien esté siempre para contenerlos en los bajones.
– ¿Qué es lo que más rescatás de tu carrera?
– Que la gente hoy me trate así porque ve más a la persona que al jugador. Me propuse desde siempre que mi persona estuviera por encima de cómo jugaba. Que me agradezcan o me saluden con respeto es impagable. En la vida, rescato el nacimiento de mis tres hijos; en el fútbol, que me traten como la persona que siempre fui.
– ¿Qué harás después del 14 de junio? ¿Te ves como técnico?
– Hoy no tengo pensado el futuro. Estoy en este proyecto porque me gustó la idea ambiciosa. Quizás esto me lleve a dirigir o a ser dirigente, estoy abierto. Algo voy a tener que hacer para ocupar el tiempo que antes usaba para entrenar. Si decidiera ser técnico, me prepararía para dirigir Primera o Nacional B. No me gustaría debutar y que, si me va mal, digan que no sé nada. Por ahora, también estoy haciendo el curso de manager; voy buscando mi lugar.
– Selección, campeón con Colón, ídolo… ¿Te quedó algún sueño pendiente?
– Futbolísticamente nada, no me quedó ningún sueño por cumplir. El fútbol me dio todo, me llenó y yo me vacié por el fútbol. Jugué en la Selección, salí campeón, fui goleador en Primera, en la Sudamericana y en el Nacional B. Cumplí mis expectativas. Ahora empieza otra etapa.
– ¿Qué significa Atlético para vos?
– Atlético es mi casa, mi vida; es el club del que soy hincha. Significa muchísimo y ojalá pueda estar muchos años más en Primera y vuelva a jugar copas internacionales. (Producción periodística: Carlos Oardi)

