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Un testimonio reavivó dudas: ¿hay un vínculo entre el caso Érika Álvarez y el crimen de Chacabuco 59?

Una declaración surgida en el marco de una investigación reciente volvió a colocar bajo la lupa uno de los crímenes más enigmáticos de los últimos años. “Es una persona muy pesada. Érika me contó que tenía al menos dos ‘boletas’”, habría afirmado un testigo de identidad reservada ante los investigadores. En la jerga delictiva, el término hace referencia a una muerte.

Ante las repreguntas de los pesquisas, el joven añadió un dato que encendió las alarmas: “uno es el de la mujer que encontraron en el interior de una cisterna…”. Esa mención remitió de inmediato al homicidio ocurrido en una vivienda de Chacabuco 59, un expediente que aún no logró un cierre judicial definitivo.

Si bien el declarante sostuvo que el hecho se habría producido en la calle San Juan, los investigadores no descartan que se trate de una confusión o incluso de un dato aportado de manera intencional para desviar la pesquisa. Aun así, la referencia fue suficiente para que se analizaran en paralelo ambos expedientes.

El caso de Chacabuco 59 salió a la luz el 12 de mayo de 2023, cuando un obrero que realizaba tareas de refacción encontró, en la base de una cisterna, el cuerpo de Ana Gabriela Picciuto. Con el avance de la investigación, las pericias determinaron que la mujer había sido asesinada entre el 9 y el 11 de marzo de ese mismo año.

Al revisar las actuaciones, los investigadores detectaron una serie de coincidencias entre ambos hechos que no pasaron inadvertidas. En los dos casos, las víctimas habrían sido asesinadas a golpes en la cabeza, aunque en el expediente de Picciuto no se logró determinar si existieron otras lesiones corporales.

Otro punto en común fue la presencia del consumo problemático de estupefacientes, tanto en las víctimas como en su entorno más cercano. Según la investigación, ambas mantenían vínculos con personas que atravesaban severos problemas de adicción, un contexto que complejizó las pesquisas.

La hipótesis vinculada al narcotráfico estuvo presente desde el inicio en las dos causas. En el caso de Chacabuco 59 no se reunieron pruebas concluyentes, aunque sí surgieron indicios de que en el inmueble podría haberse comercializado droga. Además, en ambos expedientes se constató que los cuerpos fueron colocados en bolsas de consorcio.

Por el crimen de Ana Gabriela Picciuto llegaron a ser procesadas cinco personas, aunque solo una fue llevada a juicio. En mayo del año pasado, Leonardo Salomón fue condenado a 15 años de prisión por el homicidio. Sin embargo, cinco meses después, un Tribunal de Impugnación resolvió absolverlo al considerar que existían dudas razonables.

Con esa decisión, la causa volvió a quedar en un punto muerto. Los demás acusados, al haber sido sobreseídos, no podrán ser juzgados nuevamente por el hecho, salvo que surjan nuevas pruebas que permitan reabrir el expediente y modificar el rumbo de una investigación que, hasta hoy, sigue sin respuestas definitivas.

Coincidencias entre los dos casos

– Las dos víctimas fueron asesinadas a golpes en la cabeza. En el caso de Picciuto no se pudo establecer si presentaba otras lesiones en el cuerpo.

– El consumo problemático de estupefacientes aparece como un factor común en ambas causas.

– Las víctimas mantenían vínculos con personas que también atravesaban severos problemas de adicción.

– La hipótesis narco estuvo presente desde el inicio en las dos investigaciones. En el caso de Chacabuco 59 no se reunieron pruebas concluyentes, aunque sí surgieron indicios de que en el lugar podría haberse comercializado droga.

– Los cuerpos de ambas víctimas fueron colocados en bolsas de consorcio.

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