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martes, abril 28, 2026
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Gol, carácter y convicción: San Martín se hizo fuerte ante Almagro y celebró fuera de casa

Apenas amanecía la tarde en José Ingenieros cuando San Martín dio el primer golpe. Nicolás Ferreyra, libre de marcas, conectó de cabeza un envío preciso de Benjamín Borasi y transformó una pelota parada en la llave del partido. El 1-0 no solo alteró el marcador: cambió el ánimo, el ritmo y la jerarquía del encuentro.

Desde ese instante, el equipo de Andrés Yllana jugó con la tranquilidad de quien entiende el contexto y sabe lo que quiere. A diferencia del empate en La Ciudadela frente a Patronato, esta vez mostró una versión más sólida, más convencida y más madura.

Orden táctico y columnas firmes

El Santo sostuvo la ventaja con herramientas claras: presión alta, disciplina colectiva y un mediocampo combativo. El doble cinco —que por momentos fue triple mientras estuvo Matías García— impuso intensidad y equilibrio. Detrás, Ferreyra y Ezequiel Parnisari se afirmaron como columnas, mientras que los laterales, con Víctor Salazar como estandarte, cerraron los caminos por las bandas.

Almagro insinuó una reacción antes del descanso. Darío Sand respondió con solvencia en jugadas sucias dentro del área y el palo salvó a la visita tras un remate de Tiziano Dornell. Fue el momento más incómodo de la tarde para el conjunto tucumano, que resistió sin desordenarse.

También pudo ampliarlo

San Martín no se limitó a defender. Laureano Rodríguez y Borasi lastimaron por derecha, Alan Cisnero recorrió toda la banda izquierda y Facundo Pons exigió a Emiliano González con una tijera que pudo ser el segundo.

En el complemento, el equipo de Gabriel Gómez adelantó líneas, pero el paso de los minutos confirmó una sensación cada vez más evidente: el visitante estaba más cerca de sentenciar la historia que el local de revertirla. El murmullo bajó desde las tribunas y el clásico “movete Almagro, movete” empezó a sonar como síntoma de impotencia.

Un equipo con peso propio

San Martín entendió el partido como lo hacen los equipos con aspiraciones grandes. Supo cuándo presionar, cuándo enfriar y cuándo golpear. Aunque desperdició chances claras en el tramo final —Diellos, Gonzalo Rodríguez y Jorge Juárez tuvieron oportunidades para liquidarlo— jamás perdió el control emocional.

La expulsión de Gonzalo Asis en el cierre terminó de inclinar el escenario. Cuando Juan Cruz Robledo pitó el final, el festejo fue contenido pero significativo. No fue solo un triunfo: fue una declaración de intenciones.

Lejos de La Ciudadela, el Santo mostró carácter y oficio. Y en una categoría extensa y exigente, empezar a sumar de visitante suele ser una señal que trasciende los tres puntos.

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