En el fútbol argentino la intensidad suele venderse como virtud indiscutida. Pero hay partidos que desnudan una verdad incómoda: correr sin pensar no te acerca al arco, te aleja del resultado. Atlético Tucumán volvió a confirmarlo en Junín, donde perdió 2-1 ante Sarmiento y repitió un patrón que empieza a volverse preocupante.
El equipo de Hugo Colace se mueve, presiona, acelera. Pero cuando el rival le cambia el libreto, se queda sin respuestas. Sarmiento entendió rápido el escenario: salió a disputar el partido desde el primer minuto, golpeó con Junior Marabel tras una jugada colectiva bien construida y amplió la ventaja con Diego Churín, que giró entre tres marcas y definió con jerarquía. Dos golpes certeros a un equipo que todavía intentaba acomodarse.
Atlético sostuvo el 4-3-3 que viene utilizando en el Apertura, con el ingreso de Gabriel Compagnucci como única modificación respecto al encuentro anterior. La intención fue la misma: verticalidad, ritmo alto, ataques directos. El problema apareció cuando el plan dejó de sorprender. Allí, el “Decano” volvió a mostrar su fragilidad estructural: pocas sociedades, escasa circulación paciente y demasiada dependencia de chispazos individuales.
Cuando Nicolás Laméndola no encuentra espacio o Renzo Tesuri no logra filtrar un pase aislado, el equipo queda a la intemperie. No hay mecanismos alternativos ni variantes claras para cambiar el ritmo del partido. Así, la intensidad se transforma en desgaste y la voluntad en frustración.
El segundo tiempo ofreció otra energía. El ingreso de Gabriel Abeldaño y la apuesta por el doble “9” le dieron mayor presencia en el área. Lautaro Godoy aportó claridad en los metros finales y el descuento llegó tras un centro suyo, un cabezazo de Leandro “Loco” Díaz y la definición de Maximiliano Villa. Atlético se metió nuevamente en partido, pero la reacción llegó tarde.
La derrota deja más interrogantes que certezas. ¿Puede el doble delantero convertirse en una herramienta sostenida? ¿Cómo transformar vértigo en control? ¿De qué manera sostener un plan cuando el rival lo obliga a pensar?
Atlético corre. Atlético intenta. Pero el fútbol exige algo más que energía. Exige pausa, lectura, variantes. Porque cuando la intensidad no está acompañada de ideas, no solo no alcanza: termina por exponer todas las carencias.


