La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana en las aulas argentinas: es una realidad cotidiana. Desde la primaria hasta el secundario, cada vez más estudiantes recurren a herramientas como ChatGPT para estudiar, hacer tareas o buscar información. Ese avance abre oportunidades inéditas para personalizar el aprendizaje, pero también plantea desafíos profundos para el desarrollo cognitivo, emocional y ético de niños y adolescentes.
Así lo advierte un informe reciente de Argentinos por la Educación, elaborado junto a investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que analiza cómo la expansión de la IA puede transformar la enseñanza y la gestión escolar, y qué riesgos implica su uso sin marcos claros.
Cuánto y para qué usan IA los chicos en Argentina
Según datos de UNICEF y UNESCO, el 76% de los chicos de entre 9 y 17 años conoce la inteligencia artificial generativa y el 58% ya la utilizó alguna vez. El principal uso está vinculado con la escuela: dos de cada tres estudiantes (66%) la emplean para realizar trabajos escolares.
Otros usos frecuentes incluyen la búsqueda de información (44%), la curiosidad por entender cómo funciona (33%) y el entretenimiento (24%). Los datos surgen de la Encuesta Kids Online Argentina 2025 y confirman que la IA ya forma parte del ecosistema educativo, incluso antes de que existan lineamientos oficiales consolidados.
Aprendizaje personalizado y nuevas formas de enseñar
El informe, titulado “Inteligencia artificial en la educación: desafíos y perspectivas”, destaca el potencial de los sistemas de tutoría inteligente, capaces de responder consultas, adaptar explicaciones y ofrecer devoluciones inmediatas según el ritmo y el nivel de cada estudiante.
También sobresalen los sistemas de aprendizaje adaptativo, que ajustan contenidos, evaluaciones y secuencias didácticas en función del desempeño individual. A esto se suman herramientas de evaluación automatizada, chatbots educativos y tecnologías de asistencia como el reconocimiento de voz o la traducción automática, claves para la inclusión de estudiantes con discapacidades o barreras idiomáticas.
Cómo impacta la IA en la tarea docente
Lejos de reemplazar a los docentes, el informe plantea que la IA puede potenciar su trabajo. La generación automatizada de contenidos permite diseñar actividades personalizadas en minutos, mientras que la corrección automática ayuda a detectar errores recurrentes y ofrecer retroalimentación más rápida.
Además, los reportes inteligentes transforman grandes volúmenes de datos en información útil para identificar dificultades y planificar intervenciones pedagógicas más precisas.
“La escuela corre de atrás”: la mirada de Diego López sobre el desafío educativo
En diálogo con SdN, Diego López, fundador de Eleva y docente e investigador en inteligencia artificial de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), advirtió que el sistema educativo argentino no logra acompañar la velocidad con la que la IA ya se incorporó a la vida cotidiana de niños y adolescentes.
“Hoy el sistema educativo corre muy de atrás. La tecnología avanza de manera exponencial y las instituciones cambian de forma lineal”, señaló. Según explicó, el problema no se limita a la falta de infraestructura, sino que está directamente vinculado con la ausencia de capacitación docente y de una estrategia pedagógica clara.
Para López, incorporar tecnología sin un propósito educativo definido no es innovación. “Los chicos ya usan inteligencia artificial. El desafío no es prohibirla ni celebrarla ciegamente, sino guiar su uso. Y eso solo es posible con docentes empoderados. Si no los preparamos primero, la brecha entre la escuela y la realidad de los estudiantes se vuelve inmanejable”, afirmó.
¿Herramienta o atajo? El rol de la IA en las tareas escolares
Consultado sobre el dato que indica que dos de cada tres estudiantes usan IA para hacer tareas, el especialista sostuvo que la tecnología puede ser tanto una oportunidad como un riesgo, dependiendo del enfoque pedagógico.
“La IA puede profundizar vacíos de comprensión si seguimos evaluando solo resultados finales, como un ensayo o un resumen. En ese caso, funciona como un piloto automático para cumplir rituales sin sentido”, advirtió. Sin embargo, remarcó que, si se pone el foco en el proceso de aprendizaje, la inteligencia artificial puede transformarse en un “copiloto” capaz de personalizar el recorrido educativo y ayudar a superar barreras.
En ese punto, alertó sobre una doble desigualdad: no solo la de acceso a la tecnología, sino también la brecha de uso crítico. “El verdadero problema es quién tiene la capacidad de cuestionar lo que la IA produce”, señaló.
Lecciones del escenario internacional
Sobre las diferencias entre la experiencia argentina y la de otros países, López explicó que a nivel global los sistemas que mejor están funcionando no se concentran en la herramienta de moda, sino en marcos éticos y estrategias educativas de largo plazo.
Además, puso el foco en la soberanía tecnológica. “En América Latina muchas veces importamos soluciones diseñadas con datos y sesgos culturales del norte global. El aprendizaje clave es dejar de ser consumidores pasivos y convertirnos en usuarios críticos que demanden herramientas alineadas a nuestro contexto”, sostuvo.
Datos, gestión y el riesgo del solucionismo tecnológico
En relación con la gestión educativa, López destacó que la IA puede ser una aliada para automatizar tareas administrativas, liberar tiempo docente y fortalecer el acompañamiento pedagógico. No obstante, advirtió sobre los riesgos en el manejo de la información.
“No podemos convertir la escuela en un sistema de vigilancia ni digitalizar datos sensibles sin consentimiento. La IA debe ser un soporte para la toma de decisiones, nunca el decisor final”, subrayó, y alertó sobre el peligro del solucionismo tecnológico aplicado sin criterios pedagógicos ni éticos.
Qué debería hacer el Estado
Para el investigador, el camino a seguir exige acciones simultáneas, pero con prioridades claras. En primer lugar, propuso alinear a desarrolladores, educadores y al Estado para definir para qué se quiere la inteligencia artificial en la educación. Luego, insistió en que es clave capacitar antes que equipar.
“No sirve de nada tener software avanzado si el docente no entiende la lógica detrás de la tecnología”, afirmó. Finalmente, planteó la necesidad de integrar la alfabetización en IA en el currículo, no como una materia técnica, sino como una competencia transversal de ciudadanía digital.
“Los chicos tienen que entender cómo funcionan estos sistemas para no ser manipulados por ellos. El Estado debe garantizar que esta discusión sea pública, ética y no solamente comercial”, concluyó.



