Hay historias que no se leen: se atraviesan. La de Noelia Castillo Ramos es una de ellas. Tiene 25 años, es de España —oriunda de Barcelona— y este jueves pondrá fin a su vida con eutanasia, tras un proceso judicial largo, desgastante y profundamente doloroso que la enfrentó incluso con su propia familia.
Su caso no solo conmueve: interpela. Porque detrás de la decisión hay una vida marcada por contrastes extremos, desde momentos de felicidad hasta una cadena de episodios que, según su propio testimonio, fueron apagando todo.
Una vida que empezó con luz
En su última entrevista, concedida al programa ‘Y ahora Sonsoles’ de Antena 3, Noelia no habló primero del dolor, sino de la felicidad. Recordó los veranos en casa de su abuela, las tardes con su hermana, las ferias donde vendían pulseras hechas a mano, las cenas en la terraza.
“Era una época muy feliz”, dijo.
Noelia reconstruye algunos de esos recuerdos con una mezcla de nostalgia y distancia. Entre ellos, destacan escenas de su infancia que sitúa como una de las pocas etapas luminosas de su vida. “Era una época muy feliz”, afirma, al recordar los veranos que pasaba junto a su hermana en casa de su abuela.
Los veranos en casa de su “yaya”
Durante esos meses, según relata, la rutina estaba marcada por una sensación de libertad y tranquilidad que contrasta con lo que vendría después. Pasaban los tres meses de vacaciones allí, en un entorno que identifica como un refugio emocional.
Las tardes y noches se organizaban en torno a pequeñas actividades compartidas con su hermana Sheyla que hoy recuerda con precisión. Acudían a ferias donde se instalaban puestos y, en ocasiones, ellas mismas vendían pulseras hechas con conchas o piedras pintadas. “Nos poníamos a vender cositas hechas por nosotras”, explica. Las jornadas terminaban en la terraza de la casa de su “yaya”, cenando al aire libre, en escenas que reconstruye como momentos de bienestar compartido.
Ese vínculo con su abuela se mantiene también en el presente y aparece como uno de los apoyos emocionales más sólidos en su relato. Según ha confesado la madre de Noelia, Yolanda Ramos, en ‘Y ahora Sonsoles’, es la nieta favorita de su “yaya”, una relación que se ha reforzado con el paso del tiempo y que adquiere especial relevancia en los días previos al desenlace de su historia.
A esos recuerdos se suman otros más cotidianos, ligados a la vida familiar. En la entrevista, Noelia revisa álbumes de fotos junto a su madre, deteniéndose en imágenes de su infancia: fotografías comiendo un helado, con trenzas, en su primer día de colegio con una bata roja o disfrazada en celebraciones. “¿Para ti son momentos felices?”, le pregunta la periodista Bea Osa durante la grabación. “Claro. Sí, sí”, responde ella.
Noelia no solo observa esas imágenes, sino que ha decidido conservar algunas de ellas en los últimos días de su vida. En concreto, ha elegido cuatro fotografías que quiere tener consigo cuando se le practique la eutanasia: una en la que aparece pintando un cuadro de su madre, otra de Wendy —la perrita que tenían cuando era pequeña— con apenas unas semanas de vida, la del primer día de colegio y otra de su infancia. Una selección que remite a los pocos espacios de luz que identifica en su biografía.
Noelia Castillo Ramos, la joven parapléjica que recibirá la eutanasia, enseñando fotografías de su infancia durante su entrevista en ‘Y ahora Sonsoles’ (Antena 3)Las noches que marcaron su adolescencia
El quiebre llegó con la adolescencia. A los problemas económicos y la separación de sus padres se sumó un entorno que ella misma describió como inestable.
Uno de los episodios determinantes fue la pérdida de la vivienda familiar por problemas económicos. “Se lo embargaron y nos tuvimos que ir a casa de mi padre”, explica. Ese traslado marca, según su testimonio, un punto de inflexión.
Además, la separación de sus padres y el régimen de custodia compartida configuran un contexto que describe como inestable. “Íbamos fines de semana alternos y no iban bien las cosas cuando íbamos allí”, recuerda.
En ese contexto, aparecen recuerdos que la marcaron profundamente: largas madrugadas en bares junto a su padre, donde ella y su hermana debían esperar durante horas, muchas veces hasta las tres o cuatro de la mañana, mientras él consumía alcohol.
“Teníamos que estar esperando hasta muy tarde”, relató.
Esas escenas, repetidas en el tiempo, se convirtieron en parte de un proceso de desgaste emocional que se profundizó con los años.
El deterioro y los traumas
Desde los 13 años estuvo en tratamiento psiquiátrico. Con el tiempo llegaron diagnósticos como trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y trastorno límite de la personalidad (TLP).
Su relato se vuelve cada vez más crudo: “Luego han sido todo baches, oscuridad, vacío”.
En ese recorrido aparecen episodios determinantes, entre ellos dos agresiones sexuales, una de ellas múltiple, que marcaron un antes y un después en su vida.
El hecho que lo cambió todo
En 2022, tras uno de esos episodios traumáticos, Noelia intentó quitarse la vida arrojándose desde un quinto piso.
Sobrevivió, pero con consecuencias irreversibles.
La joven oriunda de Barcelona padece una paraplejia irreversible y, frente a ese diagnóstico, en 2024 tomó la decisión de solicitar la muerte asistida, un pedido que abrió un profundo debate social y legal que la llevó a atravesar un camino judicial largo y desgastante.
El dolor de todos los días
Desde entonces, su vida quedó atravesada por un sufrimiento constante. Noelia padece fuertes dolores neuropáticos en la espalda y las piernas, episodios de incontinencia y una limitación total de movilidad de la cintura hacia abajo.
Dormir se volvió una dificultad. El descanso, un lujo. El dolor físico, una presencia permanente.
“No tengo ganas de nada, ni de salir, ni de comer”, contó en su testimonio. A ese cuadro se suma el desgaste emocional: la sensación de vacío, de no tener proyectos, de no encontrar sentido.
“Siempre he visto mi mundo muy oscuro”, resumió.
La joven atraviesa un proceso judicial que se extendió por más de dos años (Captura: Antena 3
Una batalla judicial y familiar
El pedido de eutanasia fue aprobado por organismos médicos, pero derivó en una batalla judicial impulsada por su padre, quien se opuso hasta el final.
El caso atravesó todas las instancias: Justicia catalana, Tribunal Supremo, Constitucional y finalmente el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que rechazó frenar el procedimiento.
La decisión generó un fuerte conflicto dentro de su familia (Captura: Antena 3)
Ese fallo dejó el camino despejado.
En paralelo, la familia quedó atravesada por el conflicto. Mientras su padre luchó por impedirlo, su madre eligió acompañarla, aun sin compartir la decisión.
El final elegido
En sus últimos días, Noelia eligió cuatro fotos para que la acompañen: recuerdos de su infancia, de su familia, de esos momentos en los que, como ella misma dijo, fue feliz.
Su despedida no está cargada de enojo, sino de agotamiento, “Yo simplemente quiero irme en paz y dejar de sufrir”.
Y en esa frase, breve pero contundente, se condensa toda su historia.

